8 dic. 2010

Lunes, tras lunes, Berta me envia sus textos.
Lunes tras lunes, he tenido un pequeño rato en el que ella manda.
Esta semana se ha superado a sí misma.
Me ha dado permiso para enseñároslo.
¡¡¡Disfrutad!!!



Su Dueña la besó en los labios, abrazandola, envolviendo su desnudez con su cuerpo.


La piél de la semi-Diosa tenía el sabor del fuego del infierno.

La chica hechó la cabeza hacía tras, cuando su Dueña le pasó la punta de la lengua por el cuello y la apretó contra ella.
Gimió, mientras poco a poco, el ardor iba empapandolas.


La Dueña, resopló, apoyandose contra la pared y ella bajó lentamente, entre besos, lamidas y mordisquitos, por las curvas de la mujer.

Su Dueña cerró los ojos, pasó la mano por la melena azabache de su sumisa, enredando los dedos en ella y apretó la cabeza de la chica contra su cuerpo.

Una caricia llena de autoridad.

Cuando a su Dueña le tembló el cuerpo, sucumbida por el placer de las caricias que la lengua juguetona de su sumisa le proporcionaba, ella no pudo evitar la sonrisa. Lo había dado todo.

Su Dueña la miró, casi con amor, segundos antes, de desaparecer de la habitación, apagar la luz y cerrar la puerta.

Ni una palabra, nada...


Y a pesar de todo, la sumisa, arrodillada en una habitación a oscuras, no tubo que preguntarse si su Dueña estaba contenta con ella.


Cada vez que se relamía, encontraba la respuesta, en el recuerdo del sabor del infierno de su Dueña, impregnado en sus labios.

By Berta

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