27 jul. 2012

Barcelona

La necesidad de ponerte contra el rincón del ascensor, quitarte tu propio cinturón y ponertelo al cuello, a un tiempo que te apretaba el clítoris, previamente torturado el pobre, entre mis dedos, fue algo más grande de lo que pude soportar.
Solamente sucedió.
Al llegar arriba estabas adorable.
Me encanta sentir como sacas tu sumisión a pasear por Barcelona.